martes, 21 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
PRESENTACIONES DE LIBROS
| Lunes 20 |
Presentación del libro: Regina Aprijaskis de Élida Román Lama y Mirko Lauer Hora: 7:30 p. m. |
| Miércoles 22 |
Presentación del libro: El ombligo en el adobe. Asedios a José Watanabe de Maribel De Paz Comentarios a cargo de Juan Miguel Marthans y Carlos López Degregori. Av. Gregorio Escobedo 803, Residencial San Felipe - Jesús María |
| Jueves 23 |
Presentación del libro: Demolido fuego de Domingo de Ramos Presentación de la novela: Islita Serrana de Elmer Rodas Cubas Jr. Del Comercio 251 – Cajamarca |
domingo, 5 de septiembre de 2010
Zelideth Chávez Cuentas

El torrente de sangre le está anegando la garganta, la boca, la nariz. Doblada sobre sí misma agita los pequeños brazos y alcanza a gritar ¡mamita!, antes que su cuerpo caiga sobre la mancha rojiza que la tierra seca empieza a succionar con avidez.
Hemos llegado corriendo y nos detenemos de golpe, ahogados por nuestros jadeos. La escena nos congela, nos suspende en el aire. Nadie atina a decir ni hacer algo, sólo se escuchan los aullidos lastimeros del Firpo y el Churchil dando vueltas alrededor nuestro. Mi hermano y yo nos apretamos uno al lado del otro, como si no hubiera espacio en el desolado patio. Nos tapamos toda la cara con las chalinas, nunca sabríamos si era por el frío de la noche o por miedo al contagio de la muerte...
Siempre la imaginé viniendo acurrucada en una de aquellas balsas que surcan el lago con suavidad de gaviota. Sus escuálidos diez años aparentando seis: piel y huesos huérfanos. Aspecto y olor a huérfana, con esos reflejos de miedo en sus ojos y esa tos seca que nunca la abandonaba.
Muchas veces me repitió la misma historia, en su media lengua de aimará-castellano: que la habían sacado de su choza allá en medio del lago, en las islas flotantes, con la luna ocultándose frente a ella y el sol empezando a calentar sus espaldas. Que apurada se había puesto la camisita de bayeta, el faldellín, y el chumpi de colores tejido por su madre, las ojotas de llanta que no la iban a proteger cuando sus pies se hundieran en el piso fangoso de la isla que quedaba atrás, con su veintena de casas de totora, avenidas de totora, sus sembríos sobre las balsas de totora. Que mirando la balsita que abandonaba, se preguntó si adonde marchaba tendría una así, para ella sola, sobre la cual había disfrutado tanto de esa sensación de caída, a un lado, al otro, a un lado, al otro, cuando iba en medio del lago, para cumplir mandados.
En mis noches de insomnio la he visto ponerse de pie sobre aquella misma balsa donde vino, ponerse de pie, en el instante en que una brisa ligera disipaba sus temores al constatar que ya estaban llegando al puerto, aunque era muy tierna para darse cuenta que también asomaba muy cerca a su destino. En esos momentos tal vez no percibía el centelleo plateado que tiritaba sobre las aguas verdeazulinas, ni la quietud de esa mañana colmada de sol, de ese sol que iba abriendo brecha en medio del horizonte azul cerrado del lagocielo, porque el brillo de sus ojos al hablar sólo transmitía la inquietud de esas horas, ante el descubrimiento de la multitud de casas ajenas que iban distinguiéndose cada vez más cerca.
Ella no sabía entonces que estaba llegando a la ciudad de Puno. También recordaba al hombre grande que la trajo, su tío, quien no le tomó la mano para apearla, ni le dio ninguna recomendación, le hizo apenas una seña con la cabeza y se adelantó. Ella, frunció la boquita trompuda, se agachó y lo siguió callada. Todavía un gesto de incredulidad le crispaba la cara al recordar la sensación al pisar esa tierra dura, seca, firme, que contrastaba tanto con el suelo siempre tambaleante y húmedo de su isla.
Cuando dejaron el muelle e ingresaron a la población, las pisadas del tío sobre las losetas arabescas retumbaron dentro de ella («aquicito me hacía pum, pumpum, ñiita»). Le costaba seguir el ritmo del hombre grande, se agitaba hasta la asfixia, más allá de lo normal. Recordaba que así recorrieron plazas, calles, ventanas, escaparates, tiendas, kioskos, todo lleno de gente rara, de caras extrañas. Esta población de techos a media agua y portones grandes de madera, con sus manitas de fierro colgadas, listas para llamar, calles estrechas y empedradas, eran una inmensidad para sus diez años. Tan ensimismada se había quedado que olvidó el cosquilleo en su estómago y aquel sudor por la espalda que estuvieron ahí desde la madrugada.
Pronto salieron a las afueras donde se perdían veredas, empedrado, escaparates, luz eléctrica, hasta llegar a lo que vislumbró como una casa amurallada, enorme, al parecer deshabitada. Había que cruzar un cebadal antes de llegar a la reja de fierro. Se pararon al pie de la mole y mientras el tío buscaba una piedra para tocar, nuestros perros ladrando con desesperación nos alertaron sobre su presencia. Momentos después salíamos: mi madre, mi hermano y yo.Mi madre se le antojó como una señora enorme, anciana, aunque era de mediana edad y baja, blanca, de piel casi transparente, cabello castaño recogido. La impresionaron mucho los aretes y el diente de oro, el abrigo de casimir y los tacones: («cuando la señora grande me miró, yo quería escaparme ñiita, esconderme»), después se fijó en nosotros: «tu hermano, flaquito, flaquito, igualito a los ispis que saco del lago, y tú parecías su ángel de la Virgen, colorada, gordita, con tu cabello color totora seca»). Los tres teníamos la misma edad.
I
Tráeme el cuchillo de tu cuerpo
y pósalo en mi pecho
húndete y desaparece
como lo hace la mariposa en el lirio
Viértete en colores
para beberte a litros
y
en arena para contarte
infinitamente
Se el tren que grita en mi corazón
y
la lluvia que nos ve
como dos animales
pintados en la cueva rupestre
de nuestras miradas
Dejando en el aroma de sonidos
mi vocablo tu belleza
II
Ven...
con el pedazo de alfabeto
con la carne hecha silencio
con la mirada fétida
que cae lánguida
en mis pupilas
con esos muslos
cobíjame el alma
y dibújate desnuda
¡Oh becerra!
Traes la piel de papel
y la voz de tu boca
rodará como el dado eterno
ese animal alado
hecho del soplo del barro del Adán estafado.
Has de las letras
una maloliente belleza
Mientras yo hago
tu averno con estrellas
y beso tu jardín enmohecido...
III
Son tus pechos
gotas asustadas
peces ermitaños
que brindan
en la copa de mis labios
la nostalgia harapienta
de verme cercenado
en un papel de viejo sol
con la infante mano
alejada de ti.
IV
En tu cintura
contraje la sidosa esperanza
de quererte
y sabia
que tu amor estaba tuberculoso
y
que la piel de tus besos
eran más gruesos que el algarrobo
Y aun así te amaba...
En tu pubis
bebí el vomito más agrio
que trae la desnudes
y
con los ojos lluviosos
susurre al oído de tus glúteos
esta piojosa razón de amarte
domingo, 29 de agosto de 2010
RECITAL POÉTICO EN EL CENTRO CULTURAL BRISAS DEL TITICACA
MIÉRCOLES CULTURALES
Recital de Poesía:
- Miguel Ildefonso

- Pedro Lopéz Ganvini

- Samuel Cavero
Libros - Brindis
Miércoles 1 de setiembre 2010 - 7:00 p.m.
ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POESÍA

lunes, 23 de agosto de 2010
RECITAL POÉTICO EN BARRANCO
Lugar CAFÉ SANCHO PANZA (Av. Grau 209A, Barranco)
Participación especial del poeta Marco Martos Carrera, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua
Participan:
Anahi Vásquez de Velasco
Ana María Intili
Blanca Azucena Rojas
Carmen Navarra
Carlos Zúñiga Segura
Cecilia Molina
Delia Vargas Machuca
Elcira Ponce
Eduardo Arroyo
Elena Pasapera
Juan Macchiavelo
Manuel López Rodríguez
Rosario Valdivia Paz Sondan
Ruth Hurtado Espejo
ROGER GARCÍA CLAVO

viernes, 20 de agosto de 2010
Miguel Ildefonso en el Perú
Miguel Ildefonso, uno de los poetas más representativos de la literatura contemporánea, quien radica en EE.UU., luego de sus últimos viajes realizados por España e Italia viene próximamente al Perú. Invitado a una serie de recitales de poesía en Lima y provincias. Empezará con su participación en el I ENCUENTRO LITERARIO PLURALISTA NACIONAL "La Poesía no tiene sexo" que se realizará el 04 de setiembre en la Casa de la Emancipación en Trujillo, donde leerá algunos poemas inéditos.
El último logro obtenido en el Perú fue el de ocupar el Primer puesto en el Premio Nacional PUCP en la categoría Poesía, en el año 2009. También nos sorprendió con la presentación de su poemario DANTES, en marzo de este año.
He aquí algunos poemas inéditos de Miguel Ildefonso:
Musa Punk
Ella era anarquista,
le llegaba al pincho las formalidades también.
No toleraba las ataduras de familia,
de escuela, de normas, mucho menos de amor
(si es que el amor era de cadenas de hierro).
Ella se jugaba los ovarios
entre conciertos anarko punks,
comida barata,
viajes largos por Europa sin correa de seguridad.
Ella era libre
hasta de su libertad: tenía un cuerpo
de chica del Renacimiento
su belleza iba por ahí también).
Bostezaba en las iglesias, en los callejones,
en las peluquerías.
Tenía un percing en la ceja izquierda
(y eso era lo único que la ataba a esta vida).
Vieja Canción de Amor
Cuántos trenes he recorrido,
cuántos aviones he caminado,
cuántos buses he volado,
y sigo escuchando esta vieja canción de amor.
Casas en los caminos,
muchachas que estarán oyendo la misma canción.
Compré cientos de boletos,
vi miles de relojes,
perdí maletas,
perdí partidas y llegadas,
y sigo escuchando esta vieja canción de amor.
Quise bajarme a sembrar algodón,
quise saltar a robar una gasolinera,
quise correr a vivir en una isla.
Bajo los tejados los perros bostezaban,
bajo las farolas los gatos jugaban al ratón,
bajo las estrellas la gente tomaba fotos y gritaban.
En cuántos bares devoré mis lágrimas,
en cuántos cafés senté a mis zapatos,
en cuántos hoteles asesiné a las moscas.
Y sigo escuchando esta vieja canción de amor.
Los Consagrados
Qué estúpido poema he leído.
Aunque no era mío
lo he sentido como muy mío.
La poesía no pertenece a nadie.
Dios pertenece a sus creyentes.
La fe pertenece al vacío,
y el vacío es un desgarro del corazón.
Pero qué estúpido poema acabo de leer,
por dios!
No deberíamos escribir más poemas.
Todos los poetas,
premios nobeles aun vivos,
poetas funcionarios,
poetas comprometidos y no comprometidos,
poetas gays declarados abiertamente
y nunca declarados ni en sus poemas más íntimos,
poetas alcoholizados,
poetas en ciernes,
todos deberíamos ponernos de acuerdo.
Un Concilio de Nicea
o algo así.
Nos deberíamos poner barbas postizas
los que no tenemos barba.
Declarar, bajo la tutela de Nicanor Parra
(yo propongo a Nicanor Parra),
que dejemos a las palabras en paz,
que un poema bueno y perfecto
es igual a otro estúpido (como el que acabo de leer).
Poema genial o estúpido
que más da!
Dejemos en paz
a las palabras.
